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El futuro del móvil se prueba en Japón

30/10/2008
XPinyol

"Vaciar los bolsillos". Es la obsesión de la industria de la telefonía en Japón. Salir de casa con lo puesto una buena mañana, el móvil encima y regresar por la noche como si nada hubiera pasado. Todo lo que una persona utiliza a lo largo del día fundido en un solo aparato: cartera, reloj, llaves, dinero, cámara, vídeo, correo electrónico, etcétera.

Los principales operadores del país, desde el gigante NTT DoCoMo a los aspirantes E-Mobile y Willcom, se han lanzado a la carrera por inventar los servicios del futuro. ¿Triunfará el todo en uno? Con las tarifas de datos más baratas del planeta y el 90% de suscriptores conectados a Internet móvil, es posible.

Junto con Corea del Sur, Japón es el único país donde la conversión a 3G es casi total: el 89% de celulares. Es un mercado vital para proveedores de tecnología inalámbrica, como Qualcomm, o fabricantes de terminales como Sharp y Toshiba.

El principal operador, NTT, con el 50% del mercado, quiere incluso ir más allá y ha realizado los primeros tests con LTE (Long Term Evolution), una tecnología de cuarta generación con la que se podrían lograr velocidades de transmisión de hasta 100 megabytes por segundo.

Europa y EE UU van a la zaga, ambos con el 28% de penetración 3G. Mientras que Occidente se adentra tímidamente en la era del acceso a la información ubicua Japón camina a un peldaño de distancia.

Allí los móviles son un elemento indispensable en la vida diaria. Para acceder al metro y al autobús mediante lectores magnéticos y RFID incorporados, para buscar el supermercado más cercano o servir de GPS improvisado en el coche, a la hora de pagar la cuenta en un restaurante o como método de identificación. Todo esto ya es posible en la capital del neón.

En unos años, la intención es dotar de inteligencia al terminal, de forma que reaccione a las preferencias y aficiones del suscriptor.

Según Hiroyasu Asami, directivo de NTT DoCoMo, "el futuro está en conectar la información con la vida diaria de las personas; pasar de ofrecer datos a asistir a la gente en su día a día". Sería el sueño de todo japonés. Una especie de pequeño amigo de bolsillo.¿En qué sitio podría comer hoy? Media hora antes del almuerzo, el móvil enviaría automáticamente un videomensaje con varias sugerencias según nuestros gustos gastronómicos y localización. Nos avisaría con tiempo suficiente para dirigirnos al aeropuerto y no perder el avión reservado. O, según sorteamos estanterías en el supermercado, remitiría un MMS con la mejor oferta del día en la sección de frutería. Alta tecnología para la cotidianidad.

En Europa la misma idea ronda la cabeza de gigantes como Nokia, algunos operadores y pequeñas tecnológicas. El problema es que hasta 2012 no habrá suficiente penetración de 3G como para hacer las mismas cábalas que Japón se trae entre manos.

Allí la dificultad será bien distinta: añadir utilidades a teléfonos ya atiborrados de funciones sin disparar el coste final. Complejo. Sobre todo en un país con decenas de fabricantes, sistemas operativos propietarios y ofertas pensadas en exclusiva para una cultura y costumbres únicas.

El componente excesivamente local de la telefonía japonesa conduce a la eterna pregunta. ¿Serán exportables a Occidente los nuevos servicios? Tal vez ahora no haya vuelta de hoja. Empujados por la caída de población y la saturación del mercado, Sharp, Panasonic, Fujitsu, NEC y Toshiba se ven cada vez más forzados a desembarcar en otros países.

Y NTT DoCoMo necesita también crecer de una vez en Europa si no quiere abandonarse para siempre en Japón. Para todos, salir implicará abrirse a dos tendencias imparables: el iPhone y las plataformas de código abierto encabezadas por Android.

El furor por las pantallas táctiles aún no ha calado en la isla. Según una consultora local, Apple apenas ha logrado vender 200.000 unidades de su iPhone 3G. Lo táctil no acaba de convencer a los nipones, acostumbrados a manejar los terminales con una sola mano. Pero para muchos es sólo una cuestión de precio, no de diseño. Samsung y LG, líderes en la vecina Corea del Sur, apuestan por lo táctil.

Modelos como el Omnia o el recién estrenado LG KP500 pretenden democratizar los teléfonos con teclado virtual. Y en cuanto a la plataforma, la propia NTT reconoce que adoptar Symbian abierto y Linux (a la postre, Android), será la única forma de desarrollar la nueva generación de funcionalidades a un coste razonable.

Así las cosas, las miradas seguirán pendientes de la línea marcada en Japón. En servicios, diseño y también en seguridad. Porque para transformar el móvil en un miniordenador inteligente será necesario manejar toneladas de información personal de suscriptores. ¿Cómo asegurar la privacidad? Lo tienen todo pensado: contraseñas a través de interfaces de voz y desbloqueo mediante reconocimiento de imágenes faciales del propietario o lectores de huellas. El futuro no ha hecho más que comenzar.

Las promesas del 3G

Si alguien todavía duda del poder de 3G, sólo necesita darse una vuelta por el metro de Tokio. Quinceañeras comprando pantalones vaqueros de moda, ejecutivos controlando el precio de sus acciones en tiempo real y aficionados al béisbol viendo en televisión el partido de su equipo favorito. Todo ello a través del móvil. Pantallas grandes, tarifas baratas y 3G es todo lo que necesitan.

Según Qualcomm, la compañía con más patentes registradas en estándares 3G (W-CDMA y CDMA 2000), existen 670 millones de suscriptores de tercera generación en todo el mundo. En 2012, la cifra se incrementará en un 140% hasta los 1.600 millones. Pasarán al menos cinco años antes de que las tecnologías 4G que hoy se discuten se puedan comercializar.

Hasta entonces, fabricantes de chips y terminales, operadores y compañías de Internet lucharán por diseñar e imponer sus contenidos y servicios 3G.

La televisión celular, la gran promesa, sigue sin despegar en Europa, lastrada por la adopción del estándar D-BVH. En Corea y Japón el servicio languidece por falta de un robusto modelo de negocio publicitario que lo sustente.

Y en EE UU está todavía por ver si MediaFlo, el estándar impulsado por Qualcomm junto a AT&T y Verizon, logrará seducir a las masas.

Donde el futuro parece garantizado es en la localización. Y, siguiendo la estela nipona, los pagos y diagnósticos médicos a través del móvil podrían ser la próxima meta en Europa. Eso sí, siempre y cuando la confianza del consumidor lo permita.

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